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De recoge tomates a millonario. La historia del mexicano más rico de EU


Hoy te contaremos una historia sumamente inspiradora y emotiva. Se trata de Benjamín González, el hombre que está inspirando a todos los latinos migrantes en Estados Unidos. 


Benjamín nació en México y como muchos otros de sus compatriotas, desde muy temprana edad tuvo que abandonar ese país, en busca de una mejor calidad de vida.



Al igual que los miles de mexicanos que dejan su país cada año, Benjamín sabía que si se quedaba en su natal Guerrero, nunca podría hacerse de un patrimonio digno para compartir con su familia, pues su único futuro era trabajar en el campo. 
Cuando se despidió de su madre, apenas tenía 18 años de edad. 

De Guerrero viajó a la ciudad de Tijuana, lugar donde permaneció 10 días en lo que lograba contactar al “pollero”  que lo ayudaría a cruzar a Estados Unidos. 

Benjamín había ahorrado desde hace años, pues cruzar la frontera le costaría por lo menos 3,500 dólares. 

Al llegar a la ciudad de Tijuana, quedó impresionado con la vida nocturna de ese lugar. Cantinas, mujeres de la vida galante y peleas en todas partes, Tijuana parecía un territorio sin ley. Benjamín llegó a un hotel en la zona centro de esa ciudad. 


Tardó varios días en contactar a alguien que pudiera ayudarle a cruzar. Anduvo por todos los bares y cantinas del lugar, preguntando de la manera más discreta que podía. Afortunadamente, después de 8 días de vagabundear por Tijuana, encontró a su “pollero”. Un joven de aproximadamente 22 años, quien conocía perfectamente las rutas ilegales para cruzar a Estados Unidos. Después de negociar, arreglaron que le cobraría 2000 dólares. 

El día de la reunión, partieron por la montaña de Tecate, un pueblo cercano a Tijuana que también hace frontera con Estados Unidos. El “pollero” no permitió que llevarán nada extra. Una mochila por persona, una bolsa con comida y un galón de agua. El viaje duraría 12 horas. 

Iniciaron su camino, Benjamín y otras 5 personas, junto con su guía, “el pollero”. Salieron de Tecate a las 4 am y en tan solo 4 horas, ya estaban pisando terreno estadounidense. Lo difícil era atravesar la sierra sin ser detectados, para llegar a la civilización y ahí esconderse, haciéndose pasar por ciudadanos normales. 

Caminaron otras 5 horas cuando de pronto, una camioneta se veía a lo lejos, era “la migra” y venía por ellos. Los habían detectado. 

Inmediatamente el “pollero” desapareció de la vista de todos, los había abandonado. En estado de “shock”, cada quien huyó por su lado y Benjamín no creía lo que estaba pasando. Corrió hasta cansarse y se escondió debajo de un matorral. No lo capturaron, pero le cayó la noche. 

En la persecución, Benjamín había perdido su galón de agua y su comida. Se encontraba solo, sin forma de comunicarse, sin comida o agua y sobre todo, no tenía ni las más remota idea de dónde estaba. Se encontraba completamente perdido. 

Según cuenta, por algunos momentos sintió tal desesperación que pensó en rendirse, como muchos otros migrantes que mueren en manos del desierto, intentando cruzar a Estados Unidos; sin embargo, recordó aquello que le había enseñado su padre y ubicó el norte utilizando el sol. Caminó con nada más que esperanza en la cabeza.



Caminó y caminó como si no hubiera otra cosa que hacer. Ya había perdido la noción del tiempo y el espacio, se moría de sed y hambre. 

Al poco tiempo notó que la sierra polvosa que llevaba horas caminando, se estaba acabando. Estaba entrando a una granja y en cuanto pisó el pasto y bebió del agua que toman los animales, perdió la conciencia y cayó desmayado. 

Al despertar, una pareja de ancianos le estaban limpiando el rostro. Según cuenta Benjamín, ese fue el primer día del resto de su vida. Lo demás es historia. 

Trabajó arduamente en la granja de Tomate de esa familia. Se esforzó y ahorró por más de 10 años. Un día conoció a una mujer americana de origen latino y se enamoró. Benjamín de tan solo 28 años, contrajo matrimonio con Linda Guzmán. Se había ganado su ciudadanía americana. 

Así fue como inició su primer comercio. Decidió seguir en el negocio de los comestibles y abrió un mercado en el estado de California. Aprovechándose de su experiencia y sus relaciones, hizo fuertes lazos con los productores locales y poco a poco, su mercado “El Caminante”, empezó a tener mucho éxito, pues vendía los productos más frescos y Benjamín lo atendía en persona, brindando un servicio fantástico. 

Ya habían pasado 15 años, Benjamín se sentía realizado. Tenía una cariñosa esposa y una hija de 3 años. Había llegado a Estados Unidos casi muerto y ahora era dueño de su propio negocio, pero para Benjamín, eso no era suficiente. 

Empezó a estudiar el internet. Sabía que sería el futuro y no quería quedarse sin su “rebanada de pastel”. Trabajaba, era padre de familia y estudiaba en la escuela pública. A los 5 años de esfuerzo, Benjamín había iniciado una red de entrega de verduras con servicio a domicilio y hoy, es la empresa más grande a nivel mundial en este rubro. 

El hombre que inició trabajando con tomates en una granja a los 18 años, se había convertido en el mexicano más rico de Estados Unidos a sus casi 40 años.

Actualmente se dedica de lleno a colaborar con fundaciones que apoyan a los adolescentes migrantes. No cabe duda que con esfuerzo y dedicación, todos los sueños se hacen realidad.
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