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Ser madre es uno de los papeles más difíciles en esta vida, nadie te enseña a ser mamá y realmente nunca aprendes por completo, siempre hay algo nuevo que te sorprende y te enseña que las cosas se hacen diferente. Una madre aprende con el paso del tiempo, con la experiencia de traer a un pequeño ser que no tiene idea de lo que es este mundo pero que te ama con todo su corazón. Eres su primer contacto en la vida, seguirá tus pasos hasta el final y en nadie confiará como en ti.  Pero lo que sientes como hijo no se compara con el sentimiento de mamá, porque ni siquiera ellas lo pueden explicar.  

Amas a tu hijo desde que te enteras que su corazoncito late en tu vientre, desde entonces comienzas hablarle una historia tras otra, son los 9 meses en tu vida en los que la vida te otorga el regalo de no estar sola. Si te sientes triste, contenta o enojada el bebé lo sabe y es el claro ejemplo de que no importa que tan dulce o mala puedas ser, un hijo siempre va acompañar y querer a mamá hasta el final.




Tal cual le sucedió a Diana Laura, una joven de tan sólo 19 años. A su corta edad se preparaba para traer un pequeño al mundo en una de las clínicas del IMSS. Estaba asustada ¿Quién no? La responsabilidad de una vida es muy fuerte y más para una mujer joven.  Diana estaba por terminar la preparatoria, a unos meses de su graduación se percató que su periodo no andaba bien, es más ya ni recordaba la última vez que le había venido. Ella era una chica muy activa, en las tardes acostumbraba hacer un poco de ejercicio. En las últimas clases se había sentido bastante agotada, pero no le tomó importancia y compró vitaminas. Sin embargo, algo en ella le decía que algo no estaba bien. Fue entonces cuando las mañanas se convirtieron en un tormento, náuseas y vómito eran parte de todos los días. 


Decidió comprar una prueba casera, los nervios la mataban, acompañada de su mejor amiga procedieron a realizar la prueba. Era cuestión de minutos para conocer el resultado, Diana pensaba en ¿Qué iba hacer con un bebé?  No estaba preparada. Minutos después el embarazo se confirmó, ella estaba embarazada. Las lágrimas corrían sin parar, el miedo se apoderaba de todo su cuerpo, era imposible decirle a su madre. ¿De qué manera? Ella era de carácter muy fuerte, madre de 4 hijos,  una señora fría pero valiente, que le enseñó todo lo que sabía de la vida. Fue madre soltera y nunca le faltó nada a Diana ni a sus hermanos, siempre esforzándose por sacarlos adelante. ¿Cómo iba ahora su hija mayor decirle que a su corta edad sería madre? Era el ejemplo para sus hermanos y ahora los había decepcionado. Se las ingenio como pudo, mantuvo en secreto su embarazo durante los primeros 5 meses, hasta que llegó el momento de decirlo. 

Su madre la corrió de casa y entonces partió con el padre de su hijo, su relación ya no tenía futuro pero no le quedó otra opción. Sin embargo, Diana no se rindió y cada día que pasaba se enamoraba de su bebé, que ahora ya sabía que sería una princesa. No veía la hora de conocer a su muñeca ¿Se va parecer a mi? ¿Tendrá mis ojos? Nunca dejo de trabajar y ahorraba lo suficiente para comprarle toda la ropa color rosa que se le pusiera enfrente. ¡Qué decir de los moños! Tenía tantos como para usar uno cada día del año. 

Ya faltaba menos, a unos meses antes de dar a luz decidió dejar a ese hombre que no la apoyaba y sólo arruinaba sus días. La felicidad podía sentirse a distancia, en esa casa ella y la bebé pasando lindas tardes. Imaginaba lo que serían sus vidas, como actuaría ante sus berrinches, consentirla y llenarla de besos era lo que más quería. 



Llegó el día, fue aquel jueves 11 de agosto, la tarde era un poco fría, nada inusual en el municipio de Xalostoc, Diana se encontraba descansando en casa, veía su programa favorita cuando de repente sintió como corría agua entre sus piernas, empezaba el trabajo de parto, pese a su juventud se mantuvo tranquila. Tomó las cosas de la pequeña y se dirigió a la clínica número 76 del Instituto Mexicano del seguro social (IMSS), al llegar la pusieron a caminar por los pasillos con el fin de que dilatará un poco más, las horas pasaban y todo seguía igual, los dolores incrementaron y Diana no podía más, era el momento. Había dilatado lo suficiente, su cuerpo sudaba sin parar, las piernas le temblaban de forma exagerada. Estaba lista para traer a la pequeña, pujó con todas esas ganas de conocer por fin al amor de su vida, pero algo salió mal, Sofía que es como decidió llamarla, tenía el cordón enredado y se tuvo que hacer una cesárea de emergencia. Diana temía por su vida, pero más por su hija. Lo único que recuerda es a la doctora inyectándole anestesia y le dijo que todo estaría bien. Y ahí estaba trás esa bata azul pudo ver a su linda pequeña, sintió un alivio en el pecho, escuchar su llanto fue como volver a la vida. Moría por sentirla en sus brazos, la cargó un instante, aunque hacía frío ella se sentía suave y tibia. 


No veía la hora de llegar a casa para descansar juntas, ese mañana para escuchar que estaban dadas de alta se volvió una eternidad. Fue esa madrugada la última vez que tuvo a su hija, le dio de comer y la regresaron al cunero. La mañana del viernes Diana estaba lista para ir a casa, se sentía lo suficiente fuerte como para elegir que ropita ponerle y salir del hospital. Pero no tenía idea la noticia que le esperaba, al preguntar en donde se encontraba su pequeña, la doctora le dijo que hubo un problema, Sofía falleció debido a fuertes complicaciones ¡No era posible! Durante la cirugía no hubo problemas, al revisar a la bebé no presentó anormalidades. Diana no podía creerlo, su corazón acelerado le decía que no era verdad, de inmediato pidió verla, la llevaron con el cuerpo. ¨Esa pequeña no es mi hija¨ Fueron sus palabras al verla. Los médicos intentaron calmarla pero el enojo y dolor la consumían. Sólo pensaba ¿Qué le hicieron a mi hija? ¡Ella no es!. 


Las madres no necesitan más de dos segundos para reconocer a los hijos, no importa si están vivos o muertos. Ese cadáver tenía características completamente diferentes a su Sofía. ¿Por qué alguien querría quitarle a su hija? ¿Por qué a Diana? Sólo por ser una joven madre soltera, que lo único que tenía en la vida era su hija. Que tal vez no le daría vida de reina pero se rompería a cachos por darle lo necesario. Sobre todo amarla, respetarla y demostrarle que nunca estaría sola. 

Hoy Diana se encuentra en espera de la investigación por parte de la Procuraduría, no va descansar hasta encontrar a su hija. Ni su edad o pocos recursos van impedir que la recupere. Los médicos la están presionando para que reconozca el cuerpo, o de lo contrario terminará en la fosa común. Y aunque le entristece por el cuerpo de la pequeña, se rehúsa aceptarlo.
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