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Nació a las 21 semanas y su madre tiró el cuerpo a la basura. 16 años después él la busca para…

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La siguiente imagen le ha dado la vuelta al mundo, pero no se compara con la historia que hay detrás de ella.  Todo comenzó en Georgia, Estados Unidos. 


Julie y Alex Armas eran una pareja de jóvenes esposos. Julie se dedicaba a la enfermería, y su esposo ingeniero aeronáutico. La enfermera Julie día con día convivía con un sin fin de bebés, ayudó a cientos nacer. Se sentía feliz con su trabajo, pese a que todo el tiempo estaba en contacto con bebés, para Julie nunca existió el deseo de convertirse en mamá. Por ello tomaba las precauciones adecuadas.


Sin embargo, algo empezó a cambiar. Julie ya no era la misma, comenzaba a sentirse decaída en las mañanas, a medio turno prefería dormir antes que comer, eso sin contar que aumentó varios kilos en pocos meses. ¿Sería posible? Una enfermera con conocimiento de los métodos, ¿estaría embarazada?. Julie no pudo más y de forma inmediata se realizó estudios de sangre. Mientras estaba en consulta, su esposo caminaba de forma apresurada de un lado a otro en la pequeña sala, sus manos sudaban y ansiaba conocer el resultado. Fueron los 20 minutos más largos de su vida. Y ahí estaba su esposa con la cara pálida y un sobre entre las manos, el cual daba un positivo. ¿Qué harían? ¿Un bebé? Eso estaba fuera de sus planes, no lo esperaban. 

Llegaron a un acuerdo, su ética profesional no les permitiría tomar la opción del aborto. El embarazo se llevaría de forma normal, y más adelante tomarían la mejor decisión. 

Los meses pasaron, y cuando creyeron que todo marchaba bien, a los 3 meses y dos semanas las cosas cambiaron. Julie repentinamente empezó con fuertes calambres, estaba muy asustada. Necesitaba ir al médico, pero no quería. 

Al entrar al hospital, su corazón latía sin parar. El aire ahogaba su pecho y la mano de su marido apretando la suya, no era suficiente. Los médicos realizaron los estudios y el resultado fue aterrador ¨spina bifida¨ su cerebro presentaba deformidad al igual que su espina, lo cual obviamente afectaría su capacidad motora. Los médicos fueron directos, lo mejor era el aborto o aceptar a un hijo con discapacidad y pocas posibilidades de sobrevivir. 

Los médicos, compañeros de Julie buscaron  todas las posibles opciones para ayudarlo, hasta dar con el médico Joseph Bruner, la única opción era intervenir al pequeño antes de que la espina dorsal dañara al cerebro. 

Los padres decidieron programar la cita de la cirugía y a las 21 semanas se realizó. Es impresionante la manera en que el bebé aferra su diminuta mano con el médico, como si le estuviera agradeciendo tal acto de amor. Todo fue un éxito y de manera muy temprana el pequeño arribó al mundo. 

Pero no todo era color de rosa, una de las enfermeras intenta darle el pequeño a su madre, pero ella no acepta verlo. Y qué decir de su padre, que apareció hasta el tercer día sólo para recoger a su esposa. 

La frialdad de Julie era única, sólo se preguntaba: ¿Cuándo terminará esto? ¡Necesito regresar al trabajo!. Y fue así, el pequeño se quedó en el hospital por varios meses hasta recuperarse. Durante estos meses los padres no pusieron un pie en su habitación.  Todo volvio a la normalidad, Alex en su trabajo y Julie de vuelta a la enfermería. 

Hasta que una tarde, reciben una llamada en casa: ¨Su hijo está dado de alta¨ puede pasar cuando quiera. ¿Pasar? ¿Quién necesita un bebé? Si recién habían recuperado su vida. 

Julie no iba permitirlo, fue un martes por la mañana, un día lluvioso. Tomó a su hijo por primera vez entre sus brazos y no sintió nada. Esa dulce sonrisa, sus manos tibias y envuelto en sábanas color azul, no le provocó nada. 

Subió al coche, pero no tomó el rumbo de siempre. Iba para una carretera inmensa del lado oeste, y ahí sin más se detuvo a medio camino y dejó a su pequeño. Para seguir su vida sin remordimiento alguno, su esposo jamás preguntó. 

Samuel, quién así se llama ahora. Fue recogido por una pareja de señores adultos, jamás le dieron tanto amor en su vida, y no les importó las dificultades en sus piernas. Siempre pusieron todo de su parte por darle lo mejor.  Ahora es un joven de 16 años, utiliza un aparato en la parte inferior, pero puede practicar sus deportes favoritos: nadar y el baloncesto. 

El destino siempre hace de las suyas, así que una tarde en que Samuel se dirigía a sus terapias, la enfermera no era la misma, al parecer la cambiaron de zona. Julie Armas era su nombre. Lucía cansada y golpeada por la vida, según dicen su esposo la dejó y ahora él tiene 3 hijos. Desde entonces se quedó sola y con la enfermedad de diabetes, todos los días le hacen transfusiones. Vive arrepentida por abandonar a su hijo, poco tiempo después se enteró que Samuel fue adoptado por esa pareja, pero jamás se acercó. Lo único que sabía era el nombre de su hijo y su discapacidad, y cambiaba de zona para algún día encontrarlo. 

Al entrar a la sala, Samuel mira a Julie, esa señora que le dio la vida. Ella lo reconoce de forma inmediata, intenta decirle lo arrepentida que está, pero Samuel interrumpe diciéndole: Gracias señora, yo no tengo nada que perdonarle, mis padres sólo me han enseñado a ser agradecido y usted es la persona que me ha dado lo mejor en la vida, que son ellos. 

Julie intenta abrazarlo, pero Samuel no lo permite. Pues aquella dulce anciana, su madre lo espera en la puerta. 


Sus padres, no pueden estar más orgullosos del pequeño Samuel y sus ganas de vivir. El lograr tenerlo en brazos, después de tanto miedo, dolor y esperanza fue lo mejor que pudo haberles pasado. 

No podemos cortar una vida, sólo porque va ser un niño diferente. Busquemos la manera de ayudarlo y aferrarnos a nuestra fe, como lo hizo Samuel con el médico y los padres  que le salvaron la vida. 

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